Las emociones
son el gran continente inexplorado de la psicología científica, por tal razón,
han surgido en los últimos años una gran cantidad de libros de autoayuda, con
opiniones clínicas con poco fundamento.
Ante
esa realidad, existe una creciente pérdida del control de las emociones, además
de un alto grado de torpeza emocional, que se evidencia en los constantes
hechos noticiosos que a diario reflejan situaciones alarmantes y crónicas
producto de la rabia y la desesperación galopante del ser humano.
Pero,
ciertamente nadie está a salvo de esa marca errática de anécdotas y
arrepentimientos que se observan en el accionar de las personas, por medio del
malestar emocional causante entre otras cosas, por el incremento de la
depresión en todo el mundo.
En ese
sentido, está a la vista de todos, una crisis emocional colectiva, en la que
los centros emocionales del cerebro ante múltiples situaciones, incitan al ser
humano a la rabia o al llanto, a la
guerra o al amor.
Por lo
cual, hay que tratar de buscar el dominio emocional, entre dos tendencias
contrapuestas, por una parte, la creciente calamidad de nuestra vida emocional
y la otra, la constante búsqueda soluciones sumamente esperanzadoras.
Para
lo cual, debemos actuar con inteligencia, o según los especialistas en la
materia, con el corazón del ser humano “El Coeficiente Intelectual”, que es un
dato genético que no puede ser modificado por la experiencia vital.
Entonces,
se puede definir la inteligencia emocional, como las habilidades entre las que
se destaca el autocontrol, el entusiasmo, la perseverancia y la capacidad para
motivarse a uno mismo. La inteligencia emocional constituye el vínculo entre
los sentimientos, el carácter y los impulsos morales.
Autocontrol y Altruismo
Esas
dos acciones emocionales son las actitudes morales que el ser humano necesita
en estos tiempos, para atacar el radicalismo y violencia desatada en las sociedades,
donde el hombre sobrevive a la crisis emocional de que la mencionábamos anteriormente.
Por eso,
se dice que el poder de las emociones es extraordinario, porque nos permiten
afrontar situaciones demasiado difíciles, que ameritan ser resultas
exclusivamente con el intelecto. Por ello, cada emoción nos predispone de un
modo diferente a una acción.
Con la
evolución del hombre se ha determinado que las emociones han terminado integrándose
al sistema nervioso en forma de tendencias innatas y automáticas del corazón. En
los momentos en el que el ser humano se ve arrastrado por las emociones, su
inteligencia se ve francamente desbordada.
Por lo
que de todas las limitaciones impuestas por la sociedad, la razón se ve
desbordada de tanto en tanto por la pasión. El ser humano tiene dos mentes, una
que siente y otra que piensa y esas dos formas interactúan para concluir la
vida mental.
La mente
racional es la modalidad de comprensión de lo que el ser humano suele ser
consiente. Por su parte, cuando más intenso sea el sentimiento, mas dominante
es la mente emocional y más ineficaz es en consecuencia a la mente racional.
Estas
dos mentes en la mayor parte del tiempo operan en estrecha colaboración,
entrelazando sus distintas formas de conocimiento para guiar al hombre. Es decir,
existe un equilibrio entre la mente racional y la emocional.
La emoción
alimenta y da forma a las operaciones de la mente racional, por lo que el ser
humano debe trabajar en accionar sus actitudes morales de manera racional y que
a través de lo emocional, permita transformar su entorno a sociedades más
vivibles, con personas pensantes capaces de tolerar la diversidad moral
existente en el mundo actual.
Referencia:
Daniel Goleman. La Inteligencia Emocional
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