lunes, 15 de julio de 2013

Inteligencia Emocional Aplicada... Por: Lcda. Yinet Lugo

Estadísticamente, la tasa de matrimonios fracasados que terminan en divorcios ha aumentado en comparación con siglos pasados, sólo en Estado Unidos, esto dando como conclusión que de 10 parejas sólo 3 llegan a sobrevivir y a mantenerse en matrimonio estable. Entre las causas de los divorcios se encuentra la inmadurez, dada por su puesto por una coletilla de hechos y factores que hacen que uno o ambos individuos dentro del matrimonio, desista de la idea de compartir su vida con otra persona de forma vitalicia.
Se menciona una terminología denominada inteligencia emocional, la cual tiene que ver con esa capacidad de integrar elementos internos y externos inherentes a los procesos de resolución de problemas. Actualmente se ha visto mermada la vida en pareja como matrimonio por el declive de inteligencia emocional en los cónyuges, a esto se le suman hechos ocurridos durante la infancia, puesto que, la crianza de la mujer supone un procedimiento mucho más exhaustivo, en donde ha prevalecido la enseñanza del sentimiento como epicentro de la vida, la expresión de lo que piensa y cómo reaccionar ante eventualidades con sus parejas. Desde que son niñas, son tratadas con mayor sensibilidad, tanto física como verbal, lo cual hace, que en ellas se cree una perspicacia natural propia para la resolución de muchos problemas.
Por otro lado, la crianza del niño es más básica, se execra la plática de los sentimientos, la exposición de pensamientos y, por ende, se trunca el aprendizaje en la resolución de problemas, desviándose a la agresión verbal e incluso física en muchos casos. El trato que desde niño recibe los varones es más tosco y reducido, limitado expresivamente. A lo cual se creará un individuo intolerable y poco expresivo con poca información sobre el mundo emocional.
Dentro de la relación de pareja, claramente se presentan dos individuos totalmente diferentes, puesto que existen dos realidades emocionales distintas –la de la mujer y la del hombre– y todo esto se vive dentro de una misma relación de pareja.
En estudios realizados en la Universidad de Washinton, dirigidos por el psicólogo John Gottman se determinó que las críticas destructivas son una clara señal de alarma que indica que el matrimonio se encuentra en peligro. En un matrimonio emocionalmente sano, tanto la esposa como el marido se sienten lo suficientemente libres como para formular abiertamente sus quejas. Pero suele ocurrir que, en medio del fervor del enfado, las quejas se formulen de un modo destructivo, bajo la forma de un ataque en toda regla contra el carácter del cónyuge, provocando esto un estallido de ambas partes, logrando así los cometidos, una destrucción a la integridad emocional, física e incluso una separación inminente. Cuando existen críticas destructivas por encima de quejas asertivas, ambas partes se escudan de la mejor forma –o como saben hacerlo– en donde lo más común sería devolver el ataque con algún comentario que altere por completo al cónyuge y que lo lleve a un estado de ira incontrolable; lado contrario y opuesto sería la utilización de la huída como escapatoria, dejando así un silencio sepulcral que logra que la discusión se torne más álgida por no lograr la expresión o manifestación de lo que en sí se está discutiendo.

10. EJECUTIVOS CON CORAZÓN

El liderazgo no tiene que ver con el control de los demás sino con el arte de persuadirles para colaborar en la construcción de un objetivo común. Y, en lo que respecta a nuestro propio mundo interior, nada hay más esencial que poder reconocer nuestros sentimientos más profundos y saber lo que tenemos que hacer para estar más satisfechos con nuestro trabajo.
Existen otras razones menos evidentes que reflejan los importantes cambios que están aconteciendo en el mundo empresarial y que contribuyen a situar las aptitudes emocionales en un lugar preponderante. La capacidad de expresar las quejas en forma de críticas positivas, la creación de un clima que valore la diversidad y no la convierta en una fuente de fricción y el hecho de saber establecer redes eficaces.

11. LA MENTE Y LA MEDICINA


Existen pruebas claras de que la eficacia preventiva y curativa de la medicina podría verse potenciada si no se limitara a la condición clínica de los pacientes sino que tuviera también en cuenta su estado emocional. Obviamente, esto no es aplicable a todos los individuos y a todas las condiciones, pero el análisis de los datos procedentes de miles de casos nos permite afirmar hoy, sin ningún género de dudas, las ventajas clínicas que conlleva una intervención emocional en el tratamiento médico de las enfermedades graves. No obstante, en el polo opuesto nos encontramos con una ideología igualmente contraproducente, la creencia de que somos los principales artífices de nuestras enfermedades, la creencia de que basta con afirmar que somos felices y salmodiar una retahíla de afirmaciones positivas para curarnos de las más graves dolencias.

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