Al
final de su libro La Inteligencia Emocional, cuando
Daniel Goleman habla de la “alfabetización emocional”, subraya que la persona no está
determinada por el temperamento.
Critica la educación actual que solo se centra en
transmitir conocimientos a los estudiantes y no los educa en el manejo
de sus emociones lo que los pone en desventaja, siendo este el causante
principal de la mayoría de las problemáticas que se presentan en la juventud.
Los
estudios en niños demuestran un declive en las condiciones emocionales a lo
largo de la industrialización del mundo. Esta tendencia refleja ansiedad y
depresión, marginación y problemas sociales y de atención, trastornos
alimenticios, abusos de drogas y alcohol
y conductas delictivas entre los más resaltantes.
En este
mismo orden de ideas, afirma que hay muchos factores que intervienen a que un
niño que es agresivo tenga más probabilidades de ser delincuente es un futuro,
los niños agresivos suelen ser inseguros y tomarse todo como una ofensa y esto
los lleva muchas veces a tratar de hacer justicia a lo que les hicieron y
generalmente es a golpes.
Esto no
quiere decir que todos los niños agresivos sean delincuentes ya que se les
puede dar una educación que los haga saber controlar sus emociones y reaccionar
con razonamiento en vez de solo reaccionar por sus instintos, al igual una
persona no agresiva aunque en menor proporción puede llegar a la delincuencia
así que podemos darnos cuenta que tampoco la forma de ser de las personas puede
determinar en concreto si va a ser una persona que sea en su vida adulta
honrada o un delincuente.
Igualmente
habla de la depresión y dice que “Entre
la gente joven los problemas de relación son un desencadenante de la depresión.
La dificultad aparece tanto en su relación con sus padres, como con los pares.
Con frecuencia los niños y los adolescentes con depresión son incapaces de
hablar sobre las causas de su tristeza, o renuentes a hacerlo. Parecen no poder
clasificar apropiadamente sus sentimientos, mostrándose en cambio hoscos e
irritables, con impaciencia, caprichos y enfado, especialmente a sus padres”.
Plantea que esta tendencia a la depresión tiene un
componente genético y otro que se encuentra relacionado con reversibles hábitos
pesimistas de pensamiento que los predispone a reaccionar ante cualquier
derrota en su vida por pequeña que sea.
Para modificar esta actitud se les debe enseñar a
evaluar sus dificultades, a que modifiquen lo que sienten mediante aquello que
piensan y enseñarles habilidades emocionales
Así
mismo hace sus respectivas observaciones sobre los trastornos de alimentación,
habla de los marginados y la deserción escolar y del consumo del alcohol y
drogas como consecuencia de emociones que pueden ser canalizadas a través de la
educación emocional.
Explica
casos reales de escuelas donde los profesores juegan un papel trascendental,
promoviendo una formación integral de los estudiantes y reconciliando en las
aulas a la mente y al corazón.
Reflexiona
acerca del alto precio que deben pagar aquellas personas que, llegados a la adultez,
no han sido capaces de desarrollarse adecuadamente en este ámbito y sobre los esfuerzos realizados para enseñar a los niños
las habilidades emocionales y sociales para mantener encarriladas sus vidas.
Definitivamente
educar las emociones debe ser el norte a seguir, crear programas que se apliquen a temprana edad y que se le dé
continuidad a lo largo de toda la etapa escolar, así se unificaran los esfuerzos escolares con
los de los padres y los de toda la comunidad.
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